Relato de la aventura de Rainer

En la semana del 20 al 24 de julio me dejé atrapar a conciencia para esta aventura. La razón fue que nuestro fiel conductor Marcos pudo coger sus merecidas vacaciones. Aunque ya le había acompañado dos veces en la excursión completa a LIDL, me sentía un poco inseguro. Pronto descubrí, sin embargo, que tenía a mi disposición un sistema GPS en vivo y en directo, ¡llamado Alejandro! Lo tenía todo en la cabeza: la ruta, los horarios y cuándo había que entregar qué cosas en qué lugar. Así que nos pusimos en marcha. Tras una aclimatación corta y sintonización de mis conocimientos de castellano, todo fue rodado. Nuestro sistema de ahorro de tiempo fue que yo dejaba a Alejandro en la entrada del mercado de LIDL, él buscaba dentro a los responsables y averiguaba si había alguna cosa por recoger. Mientras tanto, yo llevaba el camión con mayor o menor maestría hasta la rampa (cada vez lo hacía mejor) y entonces cargábamos. Aquí fue una gran ayuda, también el apoyo de dos personas adicionales. Un gran cumplido para Alejandro, quien ayudó con todas sus fuerzas y siempre estaba de buen humor.

Dr. Klesper descargando

Adicionalmente, ¡mis conocimientos de castellano mejoraron notablemente! Un gran cumplido para los colaboradores de Lidl, que, casi siempre de buen humor, acercaban las cosas a la rampa y en algunas ocasiones incuso ayudaban a cargarlas. En muchos mercados, la mercancía ya estaba escaneada, en otros nosotros ayudábamos en esta labor más bien pesada. Es necesario apuntar qué cosas abandonan los mercados sin haber sido vendidas. Sin pausa, pero con la buena compañía de bocadillos preparados en casa conseguimos no morir de hambre. No obstante, el calor nos dificultó el trabajo, y a menudo nos arrastramos de vuelta al camión empapados de sudor. Gracias a Dios, el aire acondicionado del camión funcionaba. Tras ocho o nueve horas y unos 350 kilómetros, entregábamos nuestro “botín” en los lugares predefinidos para ello.

Cargamento del día

Adicionalmente, ¡mis conocimientos de castellano mejoraron notablemente! Un gran cumplido para los colaboradores de Lidl, que, casi siempre de buen humor, acercaban las cosas a la rampa y en algunas ocasiones incuso ayudaban a cargarlas. En muchos mercados, la mercancía ya estaba escaneada, en otros nosotros ayudábamos en esta labor más bien pesada. Es necesario apuntar qué cosas abandonan los mercados sin haber sido vendidas. Sin pausa, pero con la buena compañía de bocadillos preparados en casa conseguimos no morir de hambre. No obstante, el calor nos dificultó el trabajo, y a menudo nos arrastramos de vuelta al camión empapados de sudor. Gracias a Dios, el aire acondicionado del camión funcionaba. Tras ocho o nueve horas y unos 350 kilómetros, entregábamos nuestro “botín” en los lugares predefinidos para ello.

Fue fascinante observar cómo el camión que habíamos estado llenando durante todo el día tardaba muy poco en volver a estar vacío. Las caras expectantes nos transmitían las buenas sensaciones de haber estado sudando todo el día por una buena causa. Antes de estas vivencias yo no podía imaginarme del todo los logros de nuestro club. Ahora no puedo evitar expresar mi gran reconocimiento a los colaboradores en torno a Stephanie Stammiger y a todo el „equipo del club“. Lo que todos ellos han organizado y conseguido es extraordinario.

En el marco de mis posibilidades, intentaré aportar mi contribución.

Palma de Mallorca, verano de 2015